UNAS BACTERIAS MARAVILLOSAS

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Hola a tod@s: Hoy vamos a cocnocer unos “bichitos” extraordinarios, las bacterias probióticas. Much@s os preguntareis qué son estas bacterias, pues creemos que al oir la palabra “bacteria” estamos tratando con unos bacilos que producen enfermedades, algunas terribles como la tuberculosis, el cólera, la lepra y la peste entre otras.

Pero no, esta vez las bacterias de las que vamos a hablar son amigas nuestras, es más, sin ellas no podríamos vivir, y su escasez en nuestro organismo puede acarrearnos un sin fin de enfermedades, algunas insospechadas y otras que se están relacionando en las últimas investigaciones con su ausencia.

Probiótico significa “a favor de la vida” y es que estas bacterias que pueblasn o deben estar en nuestros intestinos son las responsables en gran medida de nuestro buen estado de salud. Sin embargo las maltratamos y llegamos a matarlas cuando tomamos antibióticos. Antibiótico significa “contra la vida”. ¿Os dais cuenta de la diferencia?

Claro que a veces los antibióticos son necesarios para detener una infección grave, pero no deben tomarse a la ligera, siempre por consejo del médico y terminando todo el tratamiento, no dejándolo cuando empezamos a sentirnos bien, pues si hacemos ésto estamos dando lugar a que las bacterias “malas” causantes de la enfermedad, desarrollen resistencia a la medicación y con el tiempo esos antibióticos ya no servirán, y tendremos que usar otros muchoo más fuertes y nocivos para la salud.

Después de un tratamiento con antibióticos, habremos matado a una gran número de nuestras bacterias probióticas del intestino, por eso cuando se toman estos medicamentos se producen diarreas o estreñimientos, amen de otras consecuencias desagradables a nuestro organismo que ahora no vamos a referir aquí.

Es obligatorio por lo tanto “resembrar” nuestros intestinos con bacterias probióticas nuevas, y para ello solo hay que acercarse a una farmacia, parafarmacia o herbolario y pedir un frasco de bacterias probióticas que debemos ingerir diariamente hasta acabarlo, así de sencillo. Los yogures y los alimentos fermentados como el chucrut también tiene bacterias “amigas” pero una o dos cepas (clases) mientras que un buen probiótico debe tener al menos 8 ó 9 cepas.

Pensemos que hacer ésto no es una tontería, es muy importante para nuestra salud física y psicológica, pues ya se sabe que el conjunto de baterias probióticas de nuestros intestinos son la mayor parte de nuestro sistema inmunitario y que incluso contribuyen a una mejor estabilidad emocional y psicológica.

Ya lo sabéis, también os aconsejo que aunque no hayais tomado antibióticos, de vez en cuando os deis un “chute” de estas bacterias amigas de nuestra salud, pues incluso la harina refinada y el azucar puede liquidarlas.

Hasta pronto.

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EL CARIÑO, UNA NECESIDAD VITAL

EL CARIÑO, UNA NECESIDAD VITAL

A finales del siglo XIX y principios del XX ocurría algo extraño en la Inclusa de Madrid, la institución donde acogían a los niños  recién nacidos, abandonados a las puertas de los conventos, iglesias, hospitales o cualquier otro sitio de la capital.

En esta institución eran lavados, alimentados y abrigados regularmente, pero la tasa de mortalidad infantil presentaba cifras inaceptables, el 90% de los niños morían a causa de enfermedades respiratorias como la neumonía, amén de otras patologías tipicas de la infancia en aquellos años, que resultaban mortales.

Los niños estaban debidamente cuidados y alimentados, pero ocurría algo que nadie, ni siquiera los médicos que se ocupaban de la salud de los pequeños, pensaban que sería importante en la lucha contra las enfermedades. Cuando se les bañaba y se les daba de comer, les ponían los pañales limpios y los acostaban en las cunas en grandes salas colelctivas, asépticas, de altos techos y mala iluminación, las matronas y enfermeras abandonaban el lugar y los niños y niñas quedaban solos hasta la próxima toma de alimentos.

Los llantos de los bebés eran algo corriente reclamando compañía, unos brazos amorosos, unas caricias, unas palabras de ternuta, unos arrumacos, una mirada cariñosa, una sonrisa. Pero nadie respondía a sus llamadas desesperadas y lloraban, lloraban sin cesar hasta quedar exhaustos.

No tardaban en enfermar y morir. Los doctores no encontraban explicación a la epidemia de muertes prematuras. Las ropas y salas se desinfectaban, el personal estaba sano, entonces…¿qué estaba pasando?¿Por qué morían los niños? Se tardaron muchos años en descubrir el misterio. Simplemente los niños morían por falta de ternura, de cariño, de alguien que les mirara, les hablara y les abrazara. Y es que estamos hechos para el amor y la ternura, nuestro sistema inmunológico se deprime y no funciona correctamente cuando no sentimos que somos queridos por alguien, cuando no nos acarician, nos besan o abrazan, cuando unos ojos amorosos no nos miran, cuando unos labios no nos dicen tiernas palabras en la infancia.

Y no solamente ocurre esto con los seres humanos, también les ocurre a los animales en sus edades tempranas. En unos laboratorios donde se usaban conejillos de indias para experimentar nuevos fármacos, ocurrió que los animalillos de una sección respondían mejor a los medicamentos y morían con menor frecuencia aunque recibieran el mismo tratamiento que otras secciones. Pronto descubrieron el motivo. La limpiadora de la sala los sacaba de la jaula, los acariciaba durante unos minutos y les decía frases cariñosas. Aquella ternura mejoraba el estado de salud de los animales.

Después se ha comprobado miles de veces en psicología y medicina que un comportamiento amoroso con los bebés y con los niños pequeños es imprescindible para que su sistema inmunitario se desarrolle normalmente, incluso su futura personalidad. Muchos trastornos psicóticos se manifiestan en la dolescencia y la edad adulta por una falta de cariño en la infancia.

Seamos pues tiernos y amorosos, y no solo con los niños y niñas, también con adolescentes y adultos. El mundo ya tiene demasiados desastres, guerras y hambrunas por falta de amor. Si queremos mejorar la vida, empecemos por ser más tiernos y cariñosos con quienes nos rodean, amables y comprensivos. Nos va la salud en ello.