¿CÓMO ES O DEBERÍA SER DIOS SI EXISTIESE? Parte 3ª y última

¿CÓMO ES O DEBERÍA SER DIOS SI EXISTIESE? Parte 3ª y última

En los dos artículos anteriores sobre este delicado tema (recordemos que por opinar sobre Dios han sido asesinadas brutalmente de una u otra manera, cientos de miles de personas a lo largo de la historia) hemos visto cómo fue surgiendo la idea de un solo Dios a partir de los mitos existentes en los albores de la civilización.

La creencia dominante en nuestra parte del mundo es el Cristianismo. Y hoy días es la religión más extendida entre la gente de todo el mundo, aunque se encuentre fragmentada en cientos de sectas que se autoproclaman verdaderas y se autoexcluyen mutuamente.

Sobre la figura de Dios, se han escrito ríos de tinta, montañas de libros y mares de sangre derramada en ejecuciones y guerras en su nombre. Incluso existe una disciplina especializada en el estudio de Dios, la Teología (del griego Teos que significa dios, y deriva del nombre del dios-padre del Olimpo, Zeus)

Los teólogos de diferentes iglesias y tendencias no han dudado en pontificar sobre los atributos de Dios, y sobre sus escritos y afirmaciones, se han hecho cruentas guerras de religión, y torturas y ejecuciones durante cientos de años, a pobres personas que opinaban de otra manera.

En lo esencial, los teólogos cristianos coincidían y coinciden en que Dios es amor, que el Cristianismo tiene como fundamento el mandato de Jesús “Ama a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”, incluso “amar a los enemigos y poner la otra mejilla cuando te abofetean”. Aun más, condena el simple insulto.

Sin embargo, el Cristianismo ha derramado más sangre que todas las demás religiones juntas en toda su historia. ¿Por qué? ¿Cómo una religión  fundamentada esencialmente en el amor al prójimo pudo llegar a tal aberración y retorcimiento de su doctrina primaria?

La tremenda incongruencia entre el mensaje de Jesús y la realidad de la historia del Cristianismo se ha producido por tres causas principales:

1ª) La fundamentación del Cristianismo en la Biblia judía, es decir, en el llamado Antiguo Testamento, donde la figura de Dios-Padre es revelada como un juez severo capaz de ordenar incluso el genocidio y asesinato de aquellos que se oponen a sus designios.

2ª) La doctrina del Infierno eterno, que es totalmente ajena al judaísmo y a las enseñanzas de Jesús. El Infierno (infernum en latín es lugar inferior o subterráneo) deriva del Hades griego mitológico y de la influencia de esta cultura en las nacientes iglesias cristianas de los primeros siglos.

3ª) Las necesidades políticas y militares de las naciones y la ambición de sus gobernantes que no podían tolerar que una religión totalmente pacifista y altruista dominara al pueblo y al ejército.

Por una parte, el haberse acogido al Antiguo testamento como palabra inspirada por Dios mismo, indicaba que el hacer la guerra a los opositores a la fe y matarlos, era algo lícito.

Por otra parte la posibilidad de condenación del alma al tormento eterno, reducía la importancia de la vida terrenal a casi nada. ¿Qué importaban unos años en esta vida cuando podía aguardarte toda una eternidad de sufrimiento atroz sin esperanzas? Con este razonamiento era lícito matar a todos aquellos que pudieran pervertir al cristiano y alejarlo de la futura gloria tras la vida, aunque ésta fuera miserable y oprimida por los poderosos.

Y como final, las esencias amorosas y altruistas del Cristianismo primitivo e incipiente, fueron debidamente reducidas a un mensaje secundario apenas sin importancia, asequible solo a los santos. El cristiano normal debía ser una persona dispuesta a participar en la defensa del estado a costa de morir o matar, ya que al ser la nación “cristiana”, luchar por defenderla o por conquistar a los “infieles” o “herejes” era obrar la voluntad de Dios.

Naturalmente, las jerarquías eclesiásticas se arrogaron el título de interpretes de la voluntad divina. En Roma, el Papa se convirtió en el faro doctrinal de la Iglesia Católica, dominante en Occidente, mientras en el este de Europa y Asia Menor se destacó la figura del Patriarca de Bizancio, que luego tras ser conquistada por los turcos musulmanes, se repartió entre los patriarcas de las diversas naciones (Grecia, Rusia, Rumanía, etc)

Todas estas autoridades eclesiásticas eran los guardianes de la ortodoxia, y sus decretos movilizaban, apoyaban y desencadenaban guerras y matanzas en el nombre de Dios.

La aberración suprema llegó cuando los mismos cristianos se enfrentaron unos contra otros aunque fueran creyentes de la misma iglesia. Católicos contra católicos, protestantes contra protestantes. ¿Cómo era lícito matarse entre ellos contraviniendo las enseñanzas fundamentales de Jesús?

Simplemente primero se toleró y justificó la guerra y la muerte de los no cristianos, luego pasar al enfrentamiento entre los propios creyentes ya fue mucho más fácil.

Por el advenimiento de las naciones. Cuando se rompió el imperio romano, surgieron reinos locales que configuraron más o menos las naciones que conocemos hoy. Estos reyes tenían ambiciones de conquista. Pero…¿por qué los obispos y el mismo Papa no condenaron estas guerras entre cristianos?

Porque el concepto de Dios había sido adulterado y el clero, enriquecido y corrompido por el poder y el dinero, apoyaba a los reyes y gobiernos. Aun más cuando surgió el nacionalismo. Por ejemplo, en la primera y segunda guerra mundiales, lucharon naciones nominalmente cristianas entre sí. Hitler era católico bautizado aunque no practicante, y ordenó la invasión de Polonia, nación de abrumadora mayoría católica. Muchos soldados alemanes eran también católicos. Incluso los obispos católicos alemanes llegaron a bendecir las tropas y en ellas figuraban capellanes castrenses que atendían las necesidades espirituales de los soldados. Nadie se opuso a la guerra por temor a ser declarados traidores. Ni el Papa, se atrevió a condenar la invasión y excomulgar a Hitler por su ataque a un pueblo católico.

La excomunión de Hitler hubiera supuesto un mazazo a las ambiciones de este personaje, que no hubiera podido castigar a la mitad del pueblo alemán que era católico. Pero el Papa no lo hizo aduciendo que sería perjudicial para los católicos alemanes.

La doctrina de la Iglesia era que primero estaba el deber patriótico. Era normal ver al clero mezclado con los ejércitos de cada parte, administrando los sacramentos a los moribundos, pero ninguno se oponía a la matanza en nombre de la Patria.

Los poderes del mundo habían logrado que el Cristianismo abdicara de sus principales postulados, y lo habían convertido en un cascarón vacío por dentro aunque por fuera mostraba una liturgia y unas catedrales esplendorosas.

¿Es Dios así? ¿Un jerarca dispuesto a eliminar a todo aquel que se oponga a sus designios? ¿ Un verdugo que se complace en atormentar eternamente a los pecadores? ¿O es el padre amoroso y paciente de la parábola de “El Hijo Pródigo”?

¿Es Dios masculino? ¿O hay en Él algo de femenino? ¿Acaso no es ni masculino ni femenino, pero la cultura patriarcal nos lo ha mostrado como un hombre, relegando a la mujer como un ser de segunda categoría?

Estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo siglo que traerá muchos cambios, pero sobre todo, una elevación de la conciencia humana. Los seres humanos siempre hemos concebido a Dios en relación a nuestro nivel de conciencia.

Esperemos que Dios esté siempre por encima de nuestros conceptos. Jesús ya lo dijo en pocas palabras “Dios es Amor” y si es Amor, con mayúsculas, ya tenemos la seguridad de que todo lo que se ha dicho y escrito sobre Él, se queda corto en cuanto a lo que nos ama, pero nos respeta y nos deja a nuestro propio albedrío. En nuestras manos está ejercitar esa libertad para el amor o para el odio.

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