LA POLÉMICA DE LAS CORRIDAS DE TOROS. ¿SÍ? o ¿NO?

LA POLÉMICA DE LAS CORRIDAS DE TOROS. ¿SÍ? o ¿NO?

La reciente muerte como consecuencia de una cornada fatal de un matador de toros, Fandiño, ha vuelto a desatar con más virulencia la polémica de la existencia de las corridas de toros , la llamada “Fiesta Nacional” en España.

Cada día aumentan el número de personas que se manifiestan abiertamente contra la tauromaquia, argumentando que se tortura a un animal para proporcionar dinero y espectáculo.

Por otro lado, los amantes del toreo, responden diciendo que es un arte, una tradición de nuestra cultura y que sin ellas, el toro de lidia desaparecería como especie, porque ya no sería interesante económicamente su cría, salvo tal vez en alguna reserva como algo raro y en extinción.

Si lo contemplamos fríamente, con un análisis serio y desapasionado, tenemos que dar la razón a los antitaurinos. El animal vive cuatro años en un paraíso, libre en las dehesas sin tener que trabajar, cuidado y bien alimentado para poder venderlo como figura indispensable de la llamada Fiesta Nacional por antonomasia.

Pero luego es sometido a una serie de procedimientos, desde el encajonado, transporte en la oscuridad durante horas, soltado en un ambiente extraño y después introducido en un ruedo donde tiene que enfrentarse a unos seres que le engañan con telas, le clavan lanzas en el morrillo para que pierda fuerza y humille la cabeza, luego le clavan arpones para que la levante un poco y al final, le ensartan con una larga espada que le puede traspasar de parte a parte. Si no cae muerto y se acuesta moribundo buscando refugio contra las tablas de la barrera, el  llamado “diestro” le clava una cuchilla en la nuca intentando el descabello. Pero muchas veces falla y después de varios intentos, llega otra persona y le remata con un cuchillo.

Para acabar la faena, menos mal que ya está muerto y no siente dolor, se le pueden cortar las orejas, el rabo y hasta la pata, como trofeos para el “matador”.

Indudablemente, los animales que van directamente al matadero sufren mucho menos. No tiene oportunidad de escapar, ni de que les indulten por su bravura, ni de herir o matar a su posible matarife como los de lídia. Son aturdidos con una descarga eléctrica y apuntillados rápidamente.

Los veganos abominan de comer cualquier cosa que provenga de un animal, e incluso abogan por la eliminación de los mataderos, pero esa es otra historia.

Estamos con las corridas de toros. los pro-taurinos, alegan que es una fiesta tradicional española, que es una barbaridad eliminarla, que proporciona empleos y que sirve de reclamo para el turismo, aparte de promocionar la cría del toro de lídia que de otra manera se perdería.

Respecto a la tradición, esa sacrosanta palabra que siempre se esgrime cuando algo quiere perpetuarse en el tiempo, hemos de decir que todas las tradiciones tuvieron un principio, en el que fueron “novedades” , y que solo el paso de los años las han convertido en tradiciones. Pero se obvia que las tradiciones suelen nacer al amparo de la época histórica y social en la que surgen, y que las condiciones y circunstancias sociales, políticas, culturales e históricas, cambian con el tiempo, de manera que aquello que hace siglos era novedoso y celebrado por todos, ahora puede ser denigrante y suscitar un rechazo visceral por la mayoría.

Si las tradiciones nunca pudieran ser abolidas, todavía seguiríamos con la esclavitud, los reyes absolutos, la tortura y la pena de muerte, los privilegios de los nobles y la represión de las mujeres, y no existirían los derechos humanos, la libertad de expresión ni la democracia.

Desde esta perspectiva, las corridas de toros ya son algo pasado de tiempo, una incongruencia con la nueva sociedad que pretendemos establecer de tolerancia, libertad, protección de todos los seres vivos, solidaridad, prosperidad y mejor nivel de vida para todos.

El espectáculo de la sangre derramada y del sufrimiento animal celebrado por una muchedumbre, era celebrado en la antigüedad en el circo romano, pero ya han pasado unos cuantos siglos desde entonces y hoy resultaría imposible, aunque siempre existen personajes que aplaudirían entusiásticamente la muerte de los gladiadores o que los leones se comieran algunos cristianos. Pero esa clase de gente siempre existirá desgraciadamente, aunque no deben condicionar el avance de la civilización.

Respecto al reclamo turístico y los empleos que se perderían, podría legislarse como en Portugal, una corrida de toros sin sangre, sin picadores ni banderilla ni estoques ni puñales. El toro, o el novillo, si es que ya con más años no pudiera ser toreado sin castigarlo, puede ser devuelto al corral sin heridas y su destino podría ser la devolución a sus dehesas comos semental, o el matadero como carne. Eso ya sería decidido por sus propietarios.

Existen expertos que podrían desarrollar una ley nueva sobre la tauromaquia, excluyendo la tortura y muerte del animal, sin peligro para los toreros. Como argumentan los taurinos, despojar a la fiesta de su “morbo” por el peligro de cornada y la sangre y agonía del animal, haría perder espectadores dispuestos a pagar por ver un espectáculo “insulso”, pero las condiciones sociales y los avances de la conciencia colectiva ya no permiten, cada vez menos, el sufrimiento de unos (aunque sean animales) como diversión de otros.

Pidamos pues, la abolición de las corridas de toros tal y como son ahora.

 

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